Nuestros padres envejecen ¿cómo los cuidamos?

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Existe un hecho que cada día nos preocupa más: la vejez de nuestros padres. Por una parte, el declive físico o mental de aquellos que una vez nos cuidaron puede ser difícil de asumir. Por otra, muchas veces, la creciente demanda de tiempo y cuidados conlleva una sobrecarga acompañada de culpa y autorreproches. ¿Qué podemos hacer ante esta situación? ¿Existe algún modo de que tanto los padres como los hijos que deben ocuparse de ellos sufran lo menos posible?

Cómo cuidar de los padres cuando ya son mayores

“Ellos cuidaron de nosotros cuando éramos niños, así que ahora nos toca a nosotros cuidar de ellos.” Esta conocida frase transmite una idea muy noble, pero tiene el problema de que se basa en criterios mercantiles: “Tú me diste aquello, entonces yo ahora te debo esto”.

Según esta lógica, los hijos van contrayendo una deuda con sus padres en la medida en que reciben sus cuidados hasta el día en que finalmente podrán saldarla cuidándolos a ellos.

En realidad, cuando hablamos de amor, es difícil hacer cálculos. Que los hijos queden en deuda con los padres por lo que han recibido de estos suena un tanto extraño. También se dice que la deuda con los padres no se paga con ellos, sino con los propios hijos. Lo cierto es que seguimos hablando de cálculos e intercambio.

Lo que los padres dan a los hijos no genera deuda alguna, no requiere “devolución” ni “pago” posterior

Si acaso, el “pago” es el de tener hijos saludables; el “pago” por criarlos es el de verlos capaces de desarrollarse en el mundo; el “pago” por el amor que les damos está en el regocijo que produce amar sin esperar nada a cambio.

No es un intercambio, es amor

Ni siquiera lo más fundamental que les hemos dado, la vida misma, requiere contrapartida alguna, pues al dársela hemos recibido la enorme, incuantificable recompensa de ser padres y madres, de verlos crecer.

En realidad, todo lo que podemos hacer es acompañarlos con lo que les sucede

4 claves para cuidar de nuestros mayores

A medida que nuestros padres vayan envejeciendo, la situación se puede complicar. Conviene tener claro qué es lo más importante.

1. Ser realistas

Es necesario que evaluemos cuidadosamente las expectativas que tenemos respecto a la salud de nuestros padres. Ser lo más realistas que podamos respecto a esta cuestión nos ayudará a evitar frustraciones y a programar mejor sus cuidados y asistencia.

2. Respetar sus deseos

Por más que las capacidades de nuestros mayores se vean mermadas, son adultos de pleno derecho con una larga vida a cuestas. Deberíamos ser condescendientes con ellos y no juzgarlos incapaces de comprender o decidir. No conviene ocultarles, por ejemplo, información sobre su salud; podemos estar negándoles la posibilidad de decidir sobre sí mismos.

3. Preguntar siempre

Debemos consultar y escuchar a nuestros padres tanto en relación a sus tratamientos y cuidados como al modo de organizar su tiempo. Es posible que en algunos casos, como en el de una demencia grave, presupongamos que no habrá respuesta o que esta carecerá de sentido, pero vale la pena intentarlo.

4. Permitirnos estar tristes

Los procesos de deterioro lento implican, de algún modo, ir perdiendo a la persona. Tener un tiempo y alguien con quien compartir esa pena será crucial para sobrellevar la situación sin tener que armarse con una “coraza emocional” de la que después cueste deshacerse.

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