Las Batallas de la Independencia en territorio ocoeño. (Abril 1844)

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Por: Luis F. Subero

Proclamada la independencia dominicana la noche del 27 de Febrero de 1844, la noticia no tardó en ser de conocimiento de las autoridades haitianas en Puerto Príncipe. Salió de allí el presidente Charles Hérard al mando de un ejército compuesto por 30,000 hombres decididos a aplastar el movimiento independentista.

Estaba el ejército invasor dividido en tres grupos, uno al mando del propio presidente Hérard por el camino de San Juan; el segundo a cargo del general Agustín Souffront, por Neiba; el tercero que estaba al mando del general Pierrot marchaba hacia Santiago. Las dos primeras columnas debían apoderarse de San Juan y Neiba y luego juntarse en Azua y despúes de tomarla marchar hacia Santo Domingo, que era el objetivo principal.

Una apenas logró llegar a Neiba, tras la batalla de la Fuente del Rodeo (en realidad la primera batalla de la independencia, y no la del 19 de marzo; parte del mito creado en torno a la figura de Santana); la otra fue derrotada en Azua, en la ya señalada batalla del 19 de marzo. La columna que marchaba sobre Santiago fue destrozada por los dominicanos el 30 de marzo, obligando a los invasores a retroceder hasta su país. 


Santana, luego de la derrota inflingida al enemigo en Azua, se retiró a Sabana Buey, donde instaló su campamento. Esta decisión permitió al ejército haitiano reagruparse, reabastecerse, ocupar Azua y organizar un nuevo ataque. La estrategia de Santana de permanecer en Baní, sin atacar de frente en despoblado a un enemigo superior en número, le generó críticas. La Junta Central Gubernativa envió al mismo Juan Pablo Duarte, que era partidario de que los dominicanos se lanzaran al ataque para expulsar a los haitianos.

Aquí chocaron por primera vez el militar astuto y sagaz con el patriota puro e idealista. La estrategia de Santana puede ser justificada por el hecho de que los ejércitos invasores necesitan estar en movimiento, sentir que con cada día ganan terreno, metro a metro; los que, por el contrario, están defendiendo, pueden darse el lujo de esperar y resistir por el tiempo que sea necesario; en tanto el enemigo no avance, es una ganancia para ellos.

 
Luego de varios días de inactividad, las tropas haitianas se pusieron en marcha con dos regimientos, el 4to comandado por el coronel Pierre Paul y el 5to. encabezado por el coronel Auguste Brouard. Nos dice el historiador Frank Moya Pons que para evitar un encuentro frontal con las fuerzas que Pedro Santana tenía estacionadas en Sabana Buey, Baní, los invasores dirigieron sus regimientos por el camino de El Maniel (actual San José de Ocoa), bordeando las montañas de El Número y lomas de Rincón en Azua, siguiendo la margen occidental del río Ocoa. Mientras avanzaban, eran constantemente hostigadas por las tropas dominicanas conduciéndolas hacia los desfiladeros de la sección El Pinar de El Maniel. En el lugar conocido como El Memiso, el 13 de abril del 1844, los regimientos haitianos son interceptados por los dominicanos, quienes, a falta de pertrechos, tuvieron que valerse hasta de derrumbe de peñascos, obligando a los haitianos a retroceder hasta Azua (Manual de Historia Dominicana). 
José Gabriel García, considerado el padre de la historiografía dominicana, hablando de la batalla de El Memiso, escribió: “El Coronel Antonio Duvergé logró rechazar al enemigo desde el “Memizo”, haciendo uso a falta de peltrechos (sic), hasta del derrumbamiento de grandes piedras, con la cooperación de los Coroneles Felipe Alfau y Cheri Victoria que también tomaron parte en la acción, quedando por consiguiente repuestos el cantón de “El Portezuelo” y la avanzada de “La Cañada Cimarrona”, perfectamente cubierto el camino de “La China” y la bandera de la cruz triunfante en todas las comarcas bañadas por las aguas cristalinas del Ocoa”. Es importante resaltar que estos dos coroneles que menciona García, Alfau y Cheri Victoria, durante la guerra de Restauración estuvieron del lado de España, manteniéndose fieles al General Santana.

El Profesor José Francisco Subero, en un aporte valiosísimo para establecer que hubo en territorio ocoeño otra batalla distinta a la de El Memiso, relata: “queremos hacer una rectificación sobre esta pequeña laguna de nuestra Historia Patria, diciendo que ese combate se libró en el Arroyo del Perico; de El Pinar, de esta jurisdicción comunal y, allí estuvieron las tropas manieleras comandadas por el joven Casimiro Pimentel a las órdenes del Coronel Cheri Victoria. Que es verdad que los primeros tiros de las avanzadas fueron hechos en el plan de “El Memizo”, ardid del Coronel Antonio Duvergé para atraer a los haitianos a la estrecha cañada donde corre el Arroyo de El Perico y donde de antemano se había amontonado una enorme cantidad de grandes piedras sobre los altos farallones de ambos lados del arroyo, piedras que fueron lanzadas sobre el enemigo, aplástandolo y sembrando la confusión entre sus filas con la caída de la noche. Este dato nos fue referido por testigos oculares, quienes casi imberbes estuvieron en la jornada de ese día y, ellos son Ml. Ma. Mateo y Ventura Sánchez.” (Revista Páginas Banilejas No. 37, páginas 4 y 5, año 1944).

Silvia Van der Linde, en una publicación en la revista digital Ocoa en Red del 23 de febrero del 2015, citando la correspondencia cruzada entre oficiales haitianos, obtenida por don Emilio Rodriguez Demorizi en la biblioteca de la Universidad de Harvard, que expresa: “Maniel, posición ventajosa, estaba en poder de los enemigos. Varios de nuestros intrépidos asaltantes permanecieron en el campo de batalla con Isaac, jefe del batallón 15º Este combate fue ventajoso para nuestros enemigos, y en las trincheras habían mujeres que insultaban a nuestros guerreros y les arrojaban piedras”.

Resulta interesante por el nivel de detalles que ofrece el diario que escribió el entonces Teniente del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos de América, David Dixon Porter, quien llegaría a ser uno de los primeros oficiales navales en llegar al grado de Almirante; publicado bajo el título de Diario de una Misión Secreta a Santo Domingo (1846) y que la Fundación Ocoa de Pie publicara en 2014, la parte del Diario relativo a su paso por El Maniel. Pues bien, Dixon nos relata lo que le contó un dominicano que le sirvió de guía. Dejemos que sean sus palabras las que nos cuenten lo sucedido en El Memiso: “Una vez había subido a esta montaña con cinco mil hombres (los haitianos, LFS). No me atreveré a decir que Napoleón hubiera retrocedido ante tal empresa, pero la habría encontrado mucho más difícil que el paso de los Alpes. En otra ocasión, los haitianos trataron de subir con tres mil soldados, pero en ambos casos no pudieron hacer lo que emprendieron y la primera vez no llegaron a la cumbre de la primera colina. Fueron rechazados con gran carnicería en sus filas por 18 hombres con sólo diez mosquetes en sus manos, y cuatro o cinco tambores que tocaban con tanta energía que los haitianos creyeron que el puñado de los españoles era un ejército”. Agrega luego, con admiración: “A los que hayan visto alguna vez esta montaña, no les parecerá extraño que diez hombres pudieran rechazar a tres mil. Si las Termópilas hubieran estado tan bien protegidas por la naturaleza, Leónidas hubiera podido desafiar a Jerjes y a todo su ejército”
Luego de descansar en lo que es hoy El Pinar, retomó el camino a El Maniel, y allí en el lugar que suponemos era el Arroyo El Perico o la cuesta de la Comay Juana, nos ofrece el siguiente relato: “en la segunda invasión, cinco mil haitianos fueron rechazados por menos de cien españoles (el decía españoles a los dominicanos, por el color de su piel, LFS), y el mismo resultado hubiera sido si lo hubieran intentado tres veces ese número. Ahora pude comprender por qué a los invasores les habían permitido avanzar hasta aquí” (Este comentario coincide perfectamente con la aclaración que hace el Prof. Subero, citado anteriormente). Continúa el relato: “Acosados y cansados, los negros salieron de los bosques… y se formaron a lo largo de la pequeña cañada al lado opuesto de un escarpado y hosco precipicio, que parecía prohibir a cualquiera subir por sus lados. El único camino la formaban escalones tallados en la roca que corren casi rectamente a lo alto de la montaña, de unos mil pies de alto. Cuando estaban cerca de avanzar para el ataque, 80 hombres puestos en la cima y detrás de las rocas que sobresalen del costado de la colina abrieron un fuego deliberado y mortal contra ellos, y cientos fueron segados sin ninguna oportunidad de devolver los mortales disparos…”. Al final “después de luchar por una hora con pérdida de trescientos muertos y muchos heridos. Era de hecho la más completa derrota y muchos fueron mortalmente aplastados por los otros al ir a través de los estrechos pasos. Muchos infelices se arrastraron a los bosques para morir, donde sus huesos fueron encontrados y enterrados por los dominicanos”

Estos testimonios hablan del arrojo y la valentía del ocoeño, incluida sus mujeres. No dejan lugar a dudas además de que el día 13 de abril hubo dos batallas, la de El Memiso y la del Arroyo Perico en El Pinar. Lamentablemente, ésta última no aparece en los libros de historia ni el papel jugado por los Manieleros, quizás por llevarse a cabo ambas el mismo día, ser una especie de continuación una de la otra, o por la cercanía geográfica entre El Memiso y El Pinar.

En un documento fechado en Baní, el 5 de mayo de 1844 y que se anexa a este Artículo, el general Pedro Santana le escribe a Tomás Bobadilla, Presidente en ese momento de la Junta Central Gubernativa, expresándole: “Notifico a Ud. que estamos en posesión pacífica del Maniel, que el enemigo se retiró de allí en desorden; está repuesto el Cantón en El Portezuelo, hay una avanzada en cañada Cimarrona y una fuerte guarnición en el camino de la China, con todas estas precauciones y el descalabro que sufrió el enemigo en la empresa sobre estos pueblos, creo imposible repitan sus ataques pues deben estar desengañados de lo difícil que le es posesionarse del Maniel, tanto por lo inaccesible del mismo sitio, cuanto por la energía con que está defendido”

El documento de marras, que se encuentra conservado en el Archivo General de la Nación, nos ofrece algunas claves importantes para descifrar:

1ro. Al declarar estar en posesión pacífica de El Maniel, no debe entenderse que el poblado estuvo en manos de los haitianos, sino que se refiere a la región. Recordemos que en ese entonces, toda la zona montañosa al norte de Baní y Azua, lo que hoy conocemos como provincia San José de Ocoa, era llamada El Maniel, nombre que se le asignó por ser un refugio en tiempos pasados de esclavos alzados. Por lo que Santana seguramente se refiere a la región en la que se desarrollaron los acontecimientos, es decir, El Memiso y El Pinar. Estando ésta última a apenas unos 9 kilómetros del poblado de San José de Ocoa, que en esa época contaba apenas con unas 40 casas y 800 habitantes, según relata David Dixon Porter en su Diario, es muy probable que tanto hombres, mujeres y hasta jóvenes imberbes como relata el Prof. Subero, hayan acudido a defender su refugio y evitar que los invasores llegaran hasta el poblado.

2do. La fecha del documento, 5 de mayo, nos revela que las hostilidades no concluyeron el día 13 de abril, como dicen algunos historiadores, sino que hubo otras confrontaciones, quizás no con la magnitud de una batalla entre dos ejércitos, pero sí, escaramuzas, hostilidades entre grupos reducidos, y que dentro de las mismas estaría la que se conoce como la batalla del 30 de abril en territorio Manielero. Con relación a lo señalado por el historiador García, queda aclarado que El Maniel, El Portezuelo, Cañada Cimarrona no quedaron en manos criollas ese mismo día 13 de abril, pues de haber sido así, por qué tardaría Santana hasta el día 5 de mayo para dar a la Junta Central Gubernativa tan buenas noticias? Coincide, además, con la decisión del presidente Hérard, sintiéndose derrotado y ante las contínuas deserciones dentro de las filas de su ejército, de retirarse del territorio dominicano en fecha 7 de mayo, no sin antes incendiar la ciudad de Azua. Por tal motivo podríamos decir que la derrota que marcó el fin de esa primera campaña militar de 1844 fue la sufrida en territorio ocoeño por las huestes haitianas.

3ro. Un dato interesante, apenas habían transcurrido dos meses de proclamada la independencia, y no había habido tiempo más que para organizar precipitadamente la defensa del territorio, cuando ya Santana tenía papel timbrado con sus rangos militares, símbolo de la megalomanía que caracteriza a todos los dictadores.

Como dijo el guía del Coronel Dixon: “El resultado de esta batalla le hará ver por qué buscamos estas fortalezas de las montañas para retirarnos y por qué preferimos vivir aquí a residir en las llanuras de abajo. Siempre podemos conseguir abundancia de cuanto requiere para mantener la vida, y nuestras esposas e hijos están seguras del invasor y saqueador. Mientras sean fieles a sí mismos, la pequeña banda de hombres (héroes agrego yo, LFS), que componen el asentamiento pueden defenderse contra cualquier ejército que se levante contra ellos”. Y así lo hicieron.

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