Canciones de ¿amor?

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El comercio proclama que estamos en la semana del amor, pero las noticias nos dicen que siguen los asesinatos de mujeres por sus parejas y las violaciones de féminas ya pasan de veinte en lo que va de año.

Hace poco, desde una tarima, guitarra en mano, asumí la deconstrucción de la letra de algunos de esos boleros con los que crecimos las generaciones previas a los millennials. Con humor, quise desnudar esos mensajes sutiles que se han convertido en algoritmos culturales que nos condicionan.

“Amor es el pan de la vida, amor es la copa divina, amor es un algo sin nombre que obsesiona al hombre por una mujer”. ¿En serio? ¿La obsesión como definición de amor? Y el bolero sigue: “Yo vivo obsesionado contigo y el mundo es testigo de mi frenesí. Por más que se oponga el destino, serás para mí, para mí”. Por supuesto que entiendo que era una época distinta, que el contexto histórico y social en el que se crearon esas letras era otro. Pero aquellos vientos trajeron estas tempestades.

El amor como sinónimo de sufrimiento es el común de esos boleros que con mucha razón se les llama “cortavenas”. “Nadie comprende lo que sufro yo. Tanto, que ya no puedo sollozar. Solo, temblando de ansiedad estoy. Todos, me miran y se va”. Esa misma persona, no dudo que cante luego “… te juro que dormir casi no puedo, mi vida es un martirio sin cesar…”

Necesitamos, desde la temprana niñez, dialogar con nuestros niños y niñas de un amor saludable, solidario, respetuoso, que crea gozo. Pero para ello es necesario que nos miremos críticamente cuando cantamos con emoción: “Te vas porque yo quiero que te vayas. A la hora que yo quiera te detengo. Yo sé que mi cariño te hace falta, porque quieras o no, yo soy tu dueño”. Y como soy tu dueño, “si te cojo coqueteándole a otro ya verás que trompá te vo’a pegar… si te cojo guiñándole a otro, un piñazo en un ojo te vo’a dar…” ¡Juega Maelo! O cuando Wilkins cantaba: “Si tú intentaras volver conmigo, te mataría”.

El retrato de relaciones tóxicas de parejas no es nuevo de los culebrones turcos que ahora ocupan las pantallas de nuestros canales de televisión justo después de habernos asombrado por el más reciente suceso de violencia doméstica. Alfredo Jiménez cantaba: “Préndeme fuego si quieres que te olvide, méteme tres balazos en la frente, haz con mi corazón lo que tu quieras, y después por amor, declárate inocente”. O cuando Agustín Lara pedía en una de sus canciones: “Arráncame la vida, con el último beso de amor, arráncala, toma mi corazón. Arráncame la vida, y si acaso te hiere el dolor, ha de ser por no verme, porque al fin tus ojos, me los llevo yo”.

But wait, there’s still more, como dicen en algunos programas de juegos. Andrés Cepeda compuso un bolero que innumerables figuras han cantado: “Toma este puñal, ábreme las venas, quiero desangrarme, hasta que me muera, no quiero la vida, si he de verte ajena, pues sin tu cariño, no vale la pena”. Y desgraciadamente, eso que parece una inocente canción del repertorio popular, sigue siendo noticia, tan reciente como hace unos días.

Y seguimos. ¿Recuerdan a Alfredo Jiménez? “Quisiera abrir lentamente mis venas, mi sangre toda verterla a tus pies, para poderte demostrar que más no puedo amar, y entonces morir después”. Y para no cansarlos, pues de ejemplos hay para un concierto de varias horas, terminemos con esta definición de amor: “Pero ten presente de acuerdo a la experiencia, que tan solo se odia lo querido”.

¡Hay mucho que deconstruir! Si todos asumimos nuestra responsabilidad, desde el área profesional que nos corresponda, sin esperar mucho de políticos y religiosos, tal vez entonces, algún día, podamos celebrar de veras la semana de ese amor solidario, respetuoso, saludable, igualitario, gozoso, que todos nos merecemos. (Silverio Pérez)

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